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La evangelización
en la Meseta Purépecha se realizó durante
los siglos XVI y XVII, por órdenes religiosas y el
clero secular. En el siglo XVI llegaron frailes franciscanos
y agustinos quienes con ayuda del primer Obispo de Michoacán
Don Vasco de Quiroga y su clero secular, hicieron obras
relevantes como los hospitales-pueblos que fueron únicos
en la Nueva España y complementaron la labor de evangelización.
A
diferencia de otras regiones del país, la evangelización
en Michoacán se realizó con un programa de
fundación de pueblos en torno a conjuntos hospitalarios,
dando así un sello distintivo a la evangelización.
Este conjunto arquitectónico estaba compuesto por
el convento o curato de cuya congregación religiosa
dependía el hospital.
La
arquitectura religiosa en los pueblos purépechas
se caracteriza por el uso de adobe en los muros, la mezcla
de lodo utilizado como argamasa y muros de piedra volcánica
con portadas de cantería labrada. Las construcciones
estaban techadas con delgadas tablas de pino conocidas como
“tejamanil” y posteriormente con teja de barro.
Las
cubiertas interiores de los techos son a manera de grandes
“artesas” invertidas formadas por tablones,
con diseños curvos o trapesoidales, denominadas por
los lugareños y nombradas en las crónicas
como “artesones”; en los cielos interiores se
representan imágenes como letanías mariana,
ángeles, arcángeles y apóstoles que
regían el culto de los fieles, estas pinturas se
extienden a lo largo de la nave, constituyendo uno de los
más grandes tesoros artísticos de la región
al complementarse con retablos e imágenes que son
sacadas del tiempo y llevadas en andas ricamente ornamentadas,
durante la procesión de la fiesta patronal.
Lo
más representativo del arte pictórico en los
artesones, lo encontramos en Pomacuarán, Nurío,
Cocucho y Zacán.
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